Hay situaciones que no se han resuelto, y tratamos de hacernos los tontos al no darles importancia. Esto no estƔ bien, porque sabemos cuƔles son las consecuencias espirituales que esto acarrea cuando dejamos puertas abiertas.
Podemos tratar de ignorar la situación. Es mÔs, podemos no recordarla y pensar que nunca sucedió, pero sabemos cómo se mueven las tinieblas; algo que no haya sido cancelado, por mÔs que tratemos de ignorarlo, olvidarlo o encubrirlo, estÔ vigente en nosotros. MÔs aún, estamos dejando esa herencia de maldición a nuestros hijos, lo cual no es justo, porque ellos no tienen que pagar la irresponsabilidad y la falta de carÔcter de nosotros por no querer hacer frente a los hechos.
No importa los aƱos que hayan pasado. Si la deuda no ha sido cancelada, aĆŗn tiene vigencia para nuestro enemigo, quien siempre estarĆ” delante de la corte para acusarnos y decirle al juez “Su caso no puede cerrarse, porque aĆŗn no ha saldado la cuenta”.
Siempre estaremos bajo esa sombra de oscuridad, impidiendo que la luz resplandezca. Por eso, mientras esa condición permanezca no veremos la bendición. Cierra la puerta al acreedor cancelando todas tus deudas y dejando todo pago, como Cristo hizo con nosotros, y dijo “¡Consumado es!”


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